25 may. 2010

BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE

BARTLEBY, EL ESCRIBIENTE
Herman Melville
Ilustración de Javier Zabala
Nórdica Libros, 2009

Este libro trata de: Absurdo, Búsqueda de la propia identidad, Profesionales y profesiones, Relaciones sociales
Propuesta de clasificación documental: BLANCO/841
Propuesta de signatura topográfica: BLANCO/841/MEL/bar

¿Qué pasaría si nos decidiéramos a negarnos? Este relato nos descubre que en realidad somos los dueños definitivos de nosotros mismos, aunque esto suponga a menudo la aniquilación de toda integración social y de todo placer material. Adueñarnos de nuestro destino puede ser tan sencillo como aprender a decir que no con sencillez, claridad y educación. La mayoría de las situaciones a las que nos vemos abocados serían solventadas con una negativa a tiempo.
¿Y qué provocará esto en los demás? ¿Cómo vamos a encajar en el engranaje? No encajando. Bartleby niega a los demás el acceso dejándoles en la ignorancia de su procedencia o su destino, no mencionando ni dando a entender nada de lo que le hace humano, y siendo irreductible en la defensa de su círculo de tiza, de lo que entiende que le corresponde por ser y estar, y nada más. A todo lo que esté fuera, ‘preferirá que no’.
Los demás personajes, más imperfectos por más abiertos y más humanos, pierden todo interés frente al misterio que cada uno encierra en sí mismo y que está representado en el escribiente que se niega primero a nada que no sea copiar, después incluso a copiar, más tarde a comer y por último, probablemente, a vivir.
Pero el narrador, ¡ay del pobre narrador!, jefe poco decidido, acostumbrado a los desmanes de sus empleados, tiene que darse de bruces con una personalidad irreductible, un ser insobornable en sus deseos, y que se convierte, por efecto de su toma de riendas, en parte sobrante: nuestro narrador no sabe realmente cómo encarar al hombre que se niega a doblegar su voluntad sin agresividad, falto por completo de violencia. Terminará, por supuesto, admirándole.
Y esta idea de pureza, de elementalidad, está magníficamente representada en las ilustraciones de Javier Zabala, que interpreta el texto a través de dibujos casi esquemáticos, con escaso colorido, aunque muy significativo. Es excelente el retrato del protagonista que acompaña al momento de su contratación, y el cambio que en sus ojos experimentará a lo largo de la historia, que no considero azaroso. La edición de este clásico es realmente preciosa y perfectamente adecuada para los chavales que se inician en su afirmación frente al mundo.

Lorena

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