21 sept. 2012


CIEN MIL MILLONES DE POEMAS
Homenaje a Raymond Queneau
Demipage, 2011


Este libro trata de: Libro-juego, poesía
Propuesta de clasificación documental: BLANCO/81
Propuesta de signatura topográfica: BLANCO/81/CIE/cie


La editorial Demipage en colaboración con la escuela de escritura creativa Hotel Kafka de Madrid ha querido homenajear la obra de Raymond Queneau a través de este experimento que se titula Cien mil millones de poemas. Diez sonetos se convierten en millones de sonetos diferentes gracias a las continuas combinaciones entre sus versos, recortados de tal forma, que pueden combinarse con los versos de los otros nueve siguientes.
Estamos aquí ante espléndidos sonetos contemporáneos, escritos por diez autores y autoras (premios nacionales de poesía, críticos, traductores…) que pueden disfrutarse individualmente (en las páginas finales aparecen todos reunidos) o, como ya señalábamos antes, en las combinaciones que cada lector o lectora desee. Se trata, pues, de un libro que, a pesar del juego que propone, se dirige a un lector adulto preparado para interpretar cada poema y sus múltiples posibilidades.
La edición está muy cuidada. En la contraportada del libro se explica cómo ha querido hacerse un formato excepcional para la ocasión: “…ilustrado magistralmente por Jean- Francois Martin (…) diseñado con mimo en el taller de Demipage (…) con la participación de los mejores artesanos del mundo del libro para garantizar un acabado acorde con el nivel del proyecto”. Sin embargo hemos de decir que, las páginas, recortadas en catorce trocitos para facilitar las combinaciones, resultan algo engorrosas en su manejo.
Así y todo, la idea es muy bonita y puede inspirarnos para adaptarla a actividades de clase, con el objetivo de animar a la lectura y a la creación poética. De hecho, recuerda a algunos libritos infantiles, también con páginas combinables, a través de las cuales un sencillo cuento puede convertirse en cien diferentes. Útil también para explicar la rima e invitar a nuestros alumnos y alumnas a intentar crear su propio soneto, de hecho el propio libro reserva un espacio en el que invita a los lectores a escribir el suyo. Seguro que no es difícil: catorce versos alejandrinos, la rima de los cuartetos es consonante, en “–ero” y  “-ina”; la rima de los tercetos, encadenados, en “-ente” y “-encia”.
Merece la pena manejar este poemario infinito, lleno de sugerentes ideas para lectoras y lectores imaginativos. 

Alberto


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