17 mar. 2010

EL CUENTO DE AUGGIE WREN

EL CUENTO DE AUGGIE WREN
Paul Auster
Ilustraciones de Isol
Editorial Lumen, 2006

Este libro trata de: Autorrealización del protagonista, Arte y creación artística, Soledad, Fraternidad, Amistad
Propuesta de clasificación documental: BLANCO/841
Propuesta de signatura topográfica: BLANCO/841/AUS

Lectura destinada a personas adultas, perfecta para leer en voz alta a un alumnado adolescente. Narrado en forma autobiográfica, El cuento de Auggie Wren tiene por protagonista a un escritor que entabla amistad con Auggie, dueño de un estanco. Este hombre se ha aficionado a fotografiar cada día una misma esquina de Brooklyn. Cuando el escritor contempla la colección de fotos –una diaria a lo largo de muchos años-, sólo ve imágenes idénticas. Meses más tarde, un periódico encarga al narrador la redacción de un cuento de Navidad, ardua tarea para quien detesta caer en la sensiblería que hay en esa época del año. Por esa razón, acepta el relato que le cuenta el amigo, y cuyo argumento se centra en la visita que Auggie hizo en Navidad a una anciana ciega. Es el cuento que da título a la obra. Lo que no sabremos es si esta historia sucedió en la realidad o, al contrario, es el resultado de la exacerbada sensibilidad del aficionado a la fotografía.
Este sobrio relato nos habla del poder de evocación de la literatura y de la imposibilidad de deslindar, en ocasiones, la mentira de la verdad. Y nos habla también de dos soledades que se cruzan un día para acompañarse mutuamente durante unas horas: la de Auggie -un solitario que sobrevive captando la vida ajena- y la de la anciana.
Asimismo interesa la recreación de cómo puede fotografiarse el tiempo y la lentitud con la que fluye la cotidianidad: bajo la aparente semejanza de las fotos late la vida humana con sus mínimos cambios.
Las ilustraciones –en tonos crepusculares- subrayan la temática del libro.
Te gustará si te atrae la literatura de Paul Auster, los relatos sentimentales sin caer en la sensiblería y la película Smoke. Pero no busques en Brooklyn a alguien que conozca esa esquina, pues ningún habitante sabrá decirte dónde está. De nuevo, no sabremos si esa esquina existe en la realidad, pero tampoco importa.


Rosana

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